Un misterio literario que tardó un siglo en resolverse
En 1838, Edgar Allan Poe llevó a su protagonista hasta el fin del mundo y cerró el libro justo antes de enseñarnos qué había allí. Lo que pasó después es de las historias más increíbles de la literatura.

En el artículo anterior os conté la historia de RICHARD PARKER, el náufrago al que Edgar Allan Poe hizo asesinar y devorar en una novela cuarenta y seis años antes de que un muchacho con ese mismo nombre muriera exactamente igual en el mundo real. Una absoluta LOCURA, sí. Pero resulta que Richard Parker no es ni de lejos lo más raro que esconde "La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket".
Porque Poe terminó aquella novela dejando a su protagonista atrapado en uno de los finales más misteriosos de la literatura. Y allí lo dejó, colgado, durante cincuenta y nueve años.
El viaje hacia el fin del mundo
La novela empieza como una aventura marítima de manual: Arthur Pym se cuela de polizón en el barco de un amigo y, a partir de ahí, todo se tuerce. Motín, tormenta, naufragio, hambre, sed y canibalismo (ya conoces a Poe). Cuando por fin lo rescatan, en vez de volver a casa se enrola en una expedición rumbo a la Antártida. Y cuanto más bajan hacia el sur, más se retuerce la realidad.
Encuentran una isla, Tsalal, donde todo es negro: la tierra, los animales, hasta los dientes de sus habitantes. Y esa gente, que no teme a nada, se paraliza de pánico ante una sola cosa: el color blanco. No soportan ni mirarlo; una simple camisa los deja temblando.
La cosa acaba en matanza, y Pym escapa en canoa con su compañero Dirk Peters y un prisionero, Nu-Nu, todavía más al sur. Y aquí la novela se vuelve directamente delirante: el mar se calienta, se vuelve blanco y espeso como la leche, del cielo cae una ceniza constante y en el horizonte se levanta una gigantesca cortina de vapor. De detrás salen aves enormes y blancas repitiendo siempre el mismo grito, TEKELI-LI. Nu-Nu muere de puro terror y, justo cuando la canoa va a atravesar la cortina, aparece ante ellos una figura humana amortajada, más grande que cualquier hombre, completamente blanca.
Y ahí termina el libro. Así, sin más. Poe te arrastra cientos de páginas hasta el confín del mundo, te planta delante un gigante blanco y, justo cuando vas a descubrir qué demonios es aquello, cierra la novela y añade una nota diciendo que Pym ha muerto y que los últimos capítulos se han perdido. Hasta luego, homies.
Cincuenta y nueve años esperando respuesta
Poe murió en 1849 sin contarle a nadie qué había al otro lado de aquella cortina. Pasaron los años, las décadas, y en 1897 un escritor decidió que no pensaba quedarse sin respuesta... ¿El nombre de ese escritor? Julio Verne.
Verne publicó "La esfinge de los hielos", y no se conformó con inspirarse en Poe: escribió una continuación directa. Y lo hizo con una jugada preciosa. Dentro de la novela de Verne, el libro de Poe existe de verdad y sus personajes lo han leído. Solo que descubren que Poe no se inventó nada: Arthur Pym existió, Dirk Peters existió, la isla de Tsalal existió, y Poe se limitó a publicar el diario que Peters logró traer de vuelta. Verne convierte la ficción de Poe en un documento histórico dentro de su propia ficción, y la usa de mapa para una expedición que nunca ocurrió. La jugada me parece GUAPÍSIMA.
El capitán Len Guy está convencido de que su hermano William, capitán del barco que rescató a Pym, sigue vivo en algún rincón de la Antártida. Así que organizan la búsqueda con el libro de Poe en la mano, siguiendo sus páginas como una guía. Hasta que sube a bordo un marinero misterioso, enorme y callado, obsesionado con encontrar a Pym. Seguramente ya sabes por dónde van los tiros: ese hombre es Dirk Peters, el compañero que Poe había abandonado al final de su novela, ahora cincuenta y nueve años más viejo y viviendo dentro del libro de otro escritor.
Al final llegan al lugar donde Pym desapareció y encuentran una montaña oscura con forma de esfinge. No es un monstruo: es un imán descomunal que arranca de cuajo cuchillos y armas y los pega a la roca. Y ahí, sujeto por su viejo mosquete oxidado, hay un cadáver congelado. Es Arthur Gordon Pym: el metal que llevaba encima lo lanzó contra la montaña. Dirk Peters cae de rodillas, susurra «Pym… mi pobre Pym» y muere junto a su amigo. Verne había encontrado al protagonista perdido de Poe y había explicado el misterio con una brújula y una roca imantada. Porque Verne era así: veía un fantasma y lo primero que quería saber era qué mecanismo lo hacía funcionar.
Caso cerrado. ¿Verdad? Pues no.
Lovecraft apaga la luz.
Treinta y cuatro años después, en 1931, H. P. Lovecraft publicó "En las montañas de la locura", y no continuó a Verne: hizo algo mucho más retorcido. Volvió a Poe y sugirió que aquella figura blanca, el mar lechoso y las aves que gritaban no se explicaban con una simple montaña magnética.
| En su novela, una expedición de la Universidad de Miskatonic viaja a la Antártida y desentierra los restos congelados de unas criaturas que no son ni animales ni plantas, enterradas en el hielo desde hace millones de años. Y encuentran una ciudad inmensa y abandonada, construida mucho antes de que existiera el ser humano. | ![]() |
En sus muros está escrita la historia de los Antiguos, una raza que llegó a la Tierra cuando aún era joven y creó como esclavos a los shoggoths: enormes masas negras y viscosas capaces de adoptar cualquier forma. Verne había encendido la luz para tranquilizarnos; Lovecraft la apagó, cerró la puerta y metió dentro algo muchísimo peor.
En la huida final, entre túneles llenos de pingüinos albinos gigantes, los protagonistas ven avanzar una niebla blanca. Y desde dentro escuchan un sonido que llevaba casi un siglo saltando de libro en libro: TEKELI-LI. Lovecraft no lo esconde, cita directamente a Arthur Gordon Pym. Y va más lejos todavía: uno de sus personajes insinúa que quizá Poe tuvo acceso a ciertas fuentes secretas cuando escribió su historia. Traducido: Poe no imaginó lo que había en la Antártida. Poe lo sabía.
Tres escritores frente al mismo abismo
Y así se cierra esta conversación imposible. En 1838, Poe llevó a Pym hasta el fin del mundo y se detuvo justo antes de enseñarnos qué había allí. En 1897, Verne recogió la historia y trató de resolverla con la ciencia. En 1931, Lovecraft volvió al mismo sitio para decirnos que la explicación de Verne era demasiado tranquilizadora. Poe se asomó al abismo, Verne bajó con una brújula y Lovecraft descubrió que allí abajo había algo esperando desde hacía millones de años.
Y por eso esta historia me parece una auténtica joya: no pasa casi nunca. Un libro que no se acaba en su última página, sino que otro escritor lo recoge casi sesenta años después para responderle, y un tercero aparece más tarde para rematar la faena con algo todavía más oscuro. Tres genios que nunca pudieron sentarse juntos, tres novelas separadas por casi un siglo, y un mismo grito pasando de una a otra: ¡TEKELI-LI!
Los tres libros de esta conversación
Si quieres leerla entera (y deberías), aquí empieza todo:
La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket · Edgar Allan Poe
La única novela de Poe: motines, naufragio, hambre, canibalismo, islas imposibles y uno de los finales más inquietantes de la literatura. La primera voz de la conversación.
Lo quieroY estas son las dos respuestas, en orden de llegada:
La esfinge de los hielos · Julio Verne
La continuación directa de Poe. Verne organiza la expedición, sigue el diario de Pym página a página y baja al abismo con una brújula, dispuesto a explicarlo todo con la ciencia.
Lo quieroEn las montañas de la locura · H. P. Lovecraft
La respuesta más oscura. Lovecraft vuelve a la Antártida de Poe y sugiere que lo que gritaba TEKELI-LI no era ninguna montaña magnética. Terror cósmico en estado puro.
Lo quieroEn el próximo artículo cambiamos el hielo de la Antártida por una tormenta a orillas del lago Ginebra en 1816, el llamado "año sin verano", y como casi jugando, nació uno de los monstruos más famosos de la literatura.
Si quieres conocer la historia, quédate por aquí. ;)

